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miércoles, 19 de marzo de 2014

El Señor Es Bueno Y Pronto Para Perdon

David Wilkerson Today A Ministry of World Challenge WEDNESDAY, MARCH 19, 2014 EL SEÑOR ES BUENO Y PRONTO PARA PERDONAR by David Wilkerson [May 19, 1931 – April 27, 2011] 
Muchos creyentes son abrumados de tal manera por sus fracasos que con el tiempo se sienten atrapados sin esperanza de ayuda alguna. Isaías escribió acerca de tales creyentes: “Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo” (Isaías 54:11). A veces algunos se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que Él se mueva, entonces, claman en forma acusadora: “Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me libraras, pero nunca respondiste. Hice todo lo que sé hacer, pero aun no soy libre. Estoy cansado de arrepentirme y llorar, sin ver ningún cambio”. Muchos creyentes así, sencillamente dejan de luchar y se entregan a su lujuria. Otros caen en una neblina de apatía espiritual. Están convencidos de que Dios no se preocupa por ellos. Se dicen a sí mismos: “Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio” (Isaías 40:27). “Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí.” (Isaías 49:14). Incluso otros terminan poniendo toda su atención en su pecado, tratando de mantenerse en un estado de constante convicción. Esto sólo hace que ellos se desconcierten, clamando: “Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos?” (Ezequiel 33:10). El hecho es que, sentir convicción de pecado no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados a causa de la culpa y la tristeza por nuestro pecado, no debiéramos permanecer en esos sentimientos. Éstos existen para llevarnos al final de nosotros mismos y a la victoria en la cruz. Después de tanto llorar y clamar al Señor, David terminó testificando: “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a inundar su alma con recuerdos de la misericordia de Dios y David recordó todo lo que había aprendido acerca de la naturaleza perdonadora del Padre: “Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia” (Nehemías 9:17). Pronto, David comenzó a regocijarse, recordándose a sí mismo:” Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmos 86:5).   

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